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viernes, 26 de septiembre de 2014

Empleados relatan cómo trabajan en una panadería anarquista en Francia


"La conquête du pain" es un comercio de barrio a las afueras de París donde nueve personas se dedican a elaborar baguettes, cruasanes y bollos de chocolate, un establecimiento de esquina no muy diferente, a priori, de las otras 35.000 panaderías esparcidas por el territorio galo.

Sin embargo, es la única "boulangerie" anarquista del área de la capital de Francia, país donde el pan, el queso y el vino, forman parte del imaginario colectivo con el que se identifica la nación de la Torre Eiffel.

"Somos una panadería autogestionada. Aquí no hay jefes, funcionamos de manera colegiada y celebramos una asamblea cada dos semanas donde decidimos lo que vamos a hacer. Todos tenemos el mismo salario de 1.350 euros al mes (unos 1.780 dólares) y el mismo reparto de beneficios", explica a Efe Pierre Pawin, impulsor de esta peculiar cooperativa.

"La conquête du pain" nació hace tres años en Montreuil, antiguo feudo del Partido Comunista aledaño a París, gobernado hoy por los ecologistas. Varios militantes anarquistas decidieron pasar de la teoría a la práctica y ensayar con un negocio autogestionado.

Como nombre para su tienda eligieron "La conquête du pain" (La conquista del pan), un guiño a la homónima obra del anarco-comunista del siglo XIX Piotr Kropotkine. Y como logotipo, una silueta extraída de "La libertad guiando al pueblo", de Delacroix, en la que el personaje del lienzo cambia las pistolas por una barra de harina y cereal.

"Yo era informático y no tenía ninguna formación como panadero. Un día Pierre me llamó y me dijo: llevas diez años hablándome de alternativas. Voy a montar una panadería, ven a trabajar con nosotros", comenta Thomas, que dejó su empleo en una escuela de negocios para lanzarse a amasar "baguettes".

Tres años después, la panadería se demuestra rentable, transforma dos toneladas de harina a la semana y emplea a siete personas y dos aprendices. Thomas no se arrepiente por haberse sumado a esta iniciativa que toma el relevo de "La Fraternelle", panadería autogestionada que nació a principios del siglo XX y desapareció noventa años después.

"Aquí me siento mucho mejor. Sé por qué hago las cosas, aunque físicamente sea mucho, muchísimo más duro", confiesa mientras enseña a un estudiante a preparar una crema de chocolate.

Hornean su propios productos, hasta 35 referencias artesanales que dan prioridad a los productos biológicos, e identifican sus bocadillos y menús con nombres de revolucionarios históricos: "El Bakunin", con atún y cebolleta; "El Durruti", con pollo, queso y curry; "El Marx", con jamón cocido y queso emmental...

Además, si el cliente declara que atraviesa dificultades económicas, tiene derecho automático a un "precio de crisis".

"Basta con pedir una tarjeta en la panadería que da acceso a una reducción. En los productos de primera necesidad, la reducción es del veinticinco por ciento. En el resto, del diez por ciento. La 'baguette' cuesta un euro y con al reducción se queda en 75 céntimos", resume Pierre (1,3 y 1 dólar).

"La gente sabe que es una panadería anarquista, pero vienen porque el pan es bueno y somos agradables", sentencia Pierre.

Por ahora, estos empresarios ácratas no reparten dividendos y dedican los beneficios a devolver los préstamos, a aligerar la jornada laboral y a financiar nuevas contrataciones.

Lejos de ideales utópicos a gran escala, aspiran a que su negocio se mantenga bajo esa fórmula solidaria de repartición de la riqueza y a poder seguir creando empleos.

"¿Creer que vamos a cambiar la sociedad gracias a la autogestión? Sería como pensar que vamos a cambiar el mundo con una bicicleta", resume Pierre.

FUENTE: www.publimetro.cl


miércoles, 2 de julio de 2014

Grecia reinventa su economía: sin euro, sin intermediarios y con autogestión obrera


Grecia lucha por reinventarse. Seis años de recesión y cuatro de duros recortes presupuestarios han hundido las finanzas del país, que ayer inauguró oficialmente la presidencia helena de la Unión Europea en medio de unas enormes medidas de seguridad que convirtieron Atenas en una fortaleza. También se han desmoronado los ánimos de una de las poblaciones más deprimidas de Europa. No es de extrañar el desaliento de un país con una tasa de desempleo superior al 27% y donde el número de pobres se ha multiplicado por siete en los últimos cinco años.

Hay, sin embargo, quienes se rebelan contra la situación. El panorama es el propicio para experimentar y los griegos no lo están desaprovechando. Para algunos hay poco que perder. Otros no tienen más remedio: o buscan medidas alternativas para tener algún ingreso o se enfrentan a la indigencia.

El trabajo escasea en las ciudades. Hay quien ha vuelto a los pueblos de sus padres o abuelos con el objetivo de rehacer sus vidas y no pagar los altos alquileres de las grandes urbes. Ese es el caso de Aristóteles Lucas, un fornido griego que cambió los trajes de chaqueta por un mono de trabajo gris. Hace dos años era comercial farmacéutico; ahora se encuentra finalizando un curso de agricultura a las afueras de Salónica: “Si todos fuéramos independientes, los mercados que están hundiendo Grecia se derrumbarían”, explica mientras hace un descanso.

Él es uno de los más de 40.000 griegos que han afrontado la crisis volviendo a trabajar la tierra, según la Asociación de Granjeros helena. Algunos, como Aristóteles, han acudido a la American Farm School, una reputada escuela en el país, para perfeccionar su técnica. La conocida como ‘universidad del campo’ ha visto cómo sus alumnos casi se han triplicado en los últimos años.

La agricultura ha sido fundamental para el desarrollo de la economía helena, pero perdió su importancia en las décadas de bonanza. Ahorasupone sólo un 3% del PIB, aunque la vuelta al campo de los griegos podría elevar ese porcentaje. Organizarse en cooperativas rurales es cada vez menos raro.

Otras alternativas son más extremas. Una decena de voluntarios se ha propuesto crear una comunidad autosostenible en la isla de Euboea. Su objetivo es no consumir más de lo que necesitan, y cubrir esas necesidades con lo que ofrece la naturaleza. Ni siquiera cambian sus excedentes, los regalan, esperando que, en algún momento, la ayuda regrese de vuelta.

No sólo a la agricultura está cambiando en el contexto de la crisis. Otro gran pilar del sector primario, la pesca, parece atraer cada vez a más personas. Los permisos para desarrollar dicha actividad ya se doblaron en 2011 con respecto a 2010.

Otro tipo de distribución alternativa es la propuesta por los ‘centros de consumo cooperativo’. A ese reclamo responden varios supermercados inaugurados recientemente en Atenas. Ofertan bienes de consumo con un 40% de descuento a sus socios. Para ser miembro de por vida es necesario pagar 20 euros. ¿Cuál es el secreto? Son productos comprados directamente a sus productores. Funciona como la evolución en los barrios del “movimiento sin intermediarios”.

Tiendas sin monedas

Si en el mundo moderno ya es novedoso vender cara a cara con el consumidor el producto producido, no es menos original comerciar sin que se utilice divisa oficial alguna. A unos 200 kilómetros al sur de Salónica se encuentra Volos. Esa ciudad ha sido testigo de la vuelta de los helenos a un sistema de trueque. Un grupo de ciudadanos ha creado allí una moneda alternativa al euro llamada TEM. Se organiza a través de internet y su uso se ha popularizado en toda la región. Funciona así: una hora de trabajo de cualquier tipo equivale a seis TEM.

Todos comienzan con 300 TEM de saldo y pueden endeudarse un máximo de otros 300: “Funciona igual que el trueque, pero con la posibilidad de guardar el valor de tu trabajo e implicar a cientos de personas en el intercambio”, explica Christos Papaioannou, uno de sus precursores.

Hay un dicho griego, originario de Tales de Mileto, que dice que ‘no hay fuerza conductora mayor que la necesidad’. En mi opinión, todos estos fenómenos son reacciones saludables a una extrema situación de necesidad”, explica a El Confidencial Jristos Emmanouilidis, economista de la Universidad de Salónica.

La fábrica, situada en Salónica, arrojaba beneficios hasta hace unos años. Llegó a contabilizar hasta 2,5 millones de euros de ganancias entre 2009 y 2010. Un año después llegó la crisis, que acabó con la producción y generó su bancarrota. Las puertas del negocio se cerraron en 2011, dejando en la estacada a decenas de personas. Quienes trabajaban allí, sin embargo, no se rindieron. Ocuparon la fábrica e iniciaron un movimiento para recuperar su empleo, pero el Gobierno y la dirección de la empresa desestimaron todas las alternativas propuestas.

Todo cambió en octubre de 2012, cuando fundaron una cooperativa de trabajadores bajo el control absoluto de la asamblea de obreros. Hace diez meses, convertidos ya en un símbolo de resistencia para todo el país, reiniciaron de nuevo la producción. “Decidimos responder de esta manera al vernos sin trabajo, sin dinero y sin ayuda estatal”, expone Alekos Sideridis, uno de los trabajadores ‘rebeldes’ de Vio-Me.

El Gobierno es optimista... sin motivo

En todos los sectores económicos helenos se están llevando a cabo iniciativas similares. Algunos expertos las miran con escepticismo; otros, con esperanza. No solucionarán la crisis, pero ayudan a sobrellevarla. “Es conocido que en los sistemas biológicos la heterogeneidad posibilita la estabilidad y las posibilidades de sobrevivir”, comenta a este diario el economista Emmanouilidis. “Con ellos se facilitan las transacciones en situaciones caracterizadas por una ausencia de liquidez, gran desempleo y depresión económica”, añade.

No puede, eso sí, predecir si sobrevivirán a la crisis. “Depende de cómo se desarrollen las dificultades en el futuro y de lo exitosas que sean todas estas acciones en cubrir las necesidades socioeconómicas locales o generales durante la crisis”, explica. “Para que movimientos como el de las fábricas ocupadas persistan se necesita una viabilidad económica y una competitividad. Es difícil de imaginar cómo pueden alcanzarse esas metas en el presente estado de la economía. Lo mismo sucede con divisas locales como el TEM”, reflexiona el experto.

jueves, 4 de julio de 2013

Fábrica ocupada en Grecia comienza la producción bajo control obrero. Ocupar, resistir, producir!

El Martes, 12 de febrero 2013 es el primer día oficial de producción bajo control obrero en la fábrica de Viomichaniki Metalleutiki (Vio.Me) en Tesalónica, Grecia. Esto significa producción sin jefes y sin jerarquía.
"Vemos esto como el único futuro para las luchas obreras."
Makis Anagnostou, vocero del sindicato de trabajadores de Vio.Me
El Martes, 12 de febrero 2013 es el primer día oficial de producción bajo control obrero en la fábrica de Viomichaniki Metalleutiki (Vio.Me) en Tesalónica, Grecia. Esto significa producción sin jefes y sin jerarquía, organizada a través de las asambleas de los trabajadores con procedimientos de democracia directa. La asamblea de los trabajadores ha declarado el fin de la distribución desigual de los recursos, y ha decidido colectivamente establecer una remuneración equitativa y justa. La fábrica produce materiales de construcción, y los trabajadores han declarado su intención de cambiar progresivamente la producción hacia productos inofensivos para el medio ambiente.
"Mientras el desempleo sube al 30%, los ingresos de los trabajadores llegan a cero, hartos de palabras, promesas y más impuestos, sin recibir sueldos desde mayo de 2011 y actualmente en retención de su trabajo, con la fábrica abandonada por los dueños, los trabajadores de Vio.Me. por decisión de su asamblea general declaran su determinación de no caer en un estado perpetuo de desempleo, sino luchar para tomar la fábrica en sus propias manos y operarla por sí mismos. Ha llegado el momento para el control obrero de Vio.Me.! "(Declaración de la Iniciativa Abierta de Solidaridad, escrita junto con los trabajadores de Vio.Me - declaración completa en viome.org)
Los trabajadores de Vio.Me dejaron de ser pagados en mayo de 2011, y, posteriormente, los propietarios y administradores abandonaron la fábrica. Después de una serie de asambleas los trabajadores decidieron que juntos volverán a poner la fábrica en funcionamiento. Desde entonces, han ocupado y defendido la fábrica y la maquinaria necesaria para la producción. Han diseminado su mensaje a los demás trabajadores y comunidades en todo Grecia, recibiendo un enorme apoyo. La solidaridad y el apoyo de todos estos grupos, comunidades e individuos, ha contribuido de manera importante a la supervivencia de los trabajadores y sus familias hasta el momento.
Esta experiencia de ocupación y recuperación de empresas de parte de los trabajadores no es nueva. Desde 2001 hay alrededor de 300 lugares de trabajo que operan democráticamente bajo control obrero en Argentina, desde centros de salud, periódicos y escuelas, hasta fábricas de metal, talleres de impresión y un hotel. La experiencia ha demostrado que los trabajadores juntos no sólo pueden operar su propio lugar de trabajo, sino que pueden hacerlo mejor. El ejemplo de Argentina se ha extendido por todo el continente americano, y ahora también por Europa y los EE.UU. En Chicago, los trabajadores de New World Windows han comenzado la producción bajo control obrero después de años de lucha contra los antiguos propietarios y jefes. Ahora en Grecia, los trabajadores están demostrando una vez más que el camino a seguir – saliendo del desempleo, superando la crisis - es el control obrero y la autogestión por procedimientos de democrácia directa.
"Instamos a todos los trabajadores, los desempleados y todos aquellos que se ven afectados por la crisis a confraternizarse con los trabajadores de Vio.Me y apoyarlos en sus esfuerzos por poner en práctica la creencia de que los trabajadores pueden producir sin jefes! Les instamos a emprender la lucha y a organizarse dentro de sus propios lugares de trabajo, con procedimientos democráticos directos, sin burócratas. "(del sitio web del sindicato www.biom-metal.blogspot.gr).
Al igual que con todas las recuperaciones de fábricas, la cuestión de la financiación inicial es central. Mientras que el movimiento de solidaridad ha sido capaz de apoyar a los trabajadores de Vio.Me y sus familias, el capital necesario para continuar la producción es enorme. El sindicato de trabajadores tiene un plan de negocio sostenible, pero se necesitará tiempo para que este dé frutos. Los primeros meses serán decisivos. La ayuda económica puede hacer la diferencia. Cualquier contribución es útil.
Pueden enviar apoyo económico directamente al sindicato de trabajadores de Vio.Me. de Tesalónica a través del sitio web de solidaridad internacional: viome.org
Declaraciones de solidaridad, así como preguntas pueden ser enviadas a: protbiometal@gmail.com

Firmado,
Iniciativa de Solidaridad de Tesalónica, Brendan Martin (La Base), Dario Azzellini y Marina Sitrin

Esta iniciativa está apoyada por:
David Harvey, Naomi Klein, Avi Lewis, John Holloway, Silvia Federici, George Caffentzis, David Graeber, Mag Wompel (labournet.de) y Cooperativa de Trabajo Lavaca, Buenos Aires, Argentina

Enlace con el artículo

miércoles, 8 de mayo de 2013

Salir del aislamiento

Con la entrada del cronómetro en el taller como forma de medición de los tiempos pormenorizados de los obreros en los centros de trabajo, propio de la Organización Científica del Trabajo, preconizados en la teoría por Taylor y en la práctico por Henry Ford en la industria automovilística y que con el paso del tiempo se extenderá hacia al resto de sectores laborales, se completará otra de las etapas en las que en el capitalismo, vuelve a demostrar su dinamismo a la hora de darle la vuelta a la resistencia obrera que significaba, la agrupación de estos en los gremios y sindicatos, que imponían unas tarifas y condiciones de trabajo determinadas; límite insoportable para los empresarios.
Pero lo que se vislumbra de todos esos cambios que inaugurará la producción en masa de productos estandarizados, es la parcelación y el sometimiento del obrero a los ritmos de trabajo productivista, y mucho más importante, la apropiación por parte del empresariado del saber concretado en el oficio, reducido ahora ya a un conjunto de movimientos parcelarios, donde el saber del oficio se difumina en una diversidad de gestos fraccionados, consiguiendo definitivamente la instauración de un nuevo trabajador descualificado, con bajos salarios, como efecto de la dominación del capital sobre el trabajo.
Trabajador descualificado, campesino, inmigrante, un nuevo sujeto, al que se le aparta de su base rural, de donde extraía parte de su reproducción, y que al mismo tiempo se constituía como forma de huida de la explotación patronal en las tareas habituales del campo, para incluirlo en la disciplina de la fábrica. Es en esa escena donde el Estado se configurará como operador garantizador , mediante la creación de los seguros sociales y las políticas laborales de concertación, así también como consecuencia de la presión obrera, para fijar la mano de obra necesaria que el capital necesita, una vez sorteada la dificultad del oficio como obstáculo a la acumulación.
“Doblegar al obrero de oficio, «liberar» al proceso de trabajo del poder que éste ejerce sobre él para
instalar en su lugar la ley y la norma patronales, tal será la contribución histórica del taylorismo.”
(B.Coriat)
Este periplo histórico tendrá su fin, a partir de finales de los sesenta, principios de los setenta, con el surgimiento de un nuevo sujeto antagónico, el obrero de la cadena de montaje (obrero-masa) que vuelve a retomar la tradición obrera, haciendo blanco esta vez contra la Organización Científica del Trabajo, en su forma moderna más desarrollada, blandiendo la bandera de la crítica del trabajo parcializado y repetitivo, materializada en huelgas, absentismo laboral, rotación del personal o la falta de cuidado en la producción, y que dejaban al descubierto toda una serie de fallas que el sistema productivo capitalista había dejado al desnudo: la vulnerabilidad de los aparatos de producción moderna donde unas decenas de trabajadores en huelga fabricantes de una pieza esencial eran capaces de paralizar no ya la fábrica sino la totalidad de la compañía, la masificación de las luchas obreras, el rechazo del trabajo en cadena, etc, como prueba de ello.
Ante esta nueva amenaza contra el corazón de la acumulación capitalista , el capital vuelve a reestructurarse, haciendo gala del dinamismo señalado anteriormente, desactivando por enésima vez, la resistencia obrera, para asestarle el golpe final que nos lleva a nuestro días, conformando un nuevo sujeto.
El trabajador precario identificado ya con la etapa pos fordista.
A grandes rasgos la nueva división internacional del trabajo portadora de espacios de deslocalización de la producción, la subcontratación en el interior de la empresa, la segmentación de los trabajadores en múltiples categorías, y el formidable aumento del paro, como arma de disciplinamiento, harán el trabajo sucio a las pretensiones de la patronal.
En el ámbito laboral la explosión de multiples formas de relación laboral; trabajo a media jornada, temporalidad excesiva, cesión de trabajadores, outsourcing, falsos autónomos o dependientes, la flexibilidad laboral, etc, se han constituído como una red descentralizada de estrategias productivas, que han logrado desarticular el conflicto entre el capital y el trabajo hasta situarlo en punto muerto.
En este sentido el actual sujeto laboral, es producto de la desestructuración de la clase obrera. El tránsito del proletariado al precariado. No representa un sujeto-político claramente definido, sinó una agregación de individuos con intereses diferentes, bajo un régimen de explotación más acusado si cabe que el del obrero-masa, a diferencia de que éste, que lleva el sello del trabajo impreso en el cuerpo (apartando por un momento la crítica al trabajo de la OCT), se identifica con el trabajo técnico que desempeña, toma conciencia sobre su participación en la producción social y su derecho a participar de los beneficios que genera, fórmula ideológica que le llevará hasta la consecución de la propiedad social de los medios de producción.
El precario por el contrario se encuentra encerrado en una ruleta que gira constantemente sobre sí mismo, necesita romper con la lógica de la descentralización productiva para mejorar sus condiciones de vida, pero es esa misma descentralización la que le impide constituirse como sujeto social.
El resto lo acabará de moldear el individualismo y el relativismo, como si se tratará de la exaltación misma del liberalismo, esto es, una mirada hacia el interior con el fin de recuperar el poder sobre su propia vida, condenada a la explotación, pero marcada por el deseo irrefrenable del consumo y un falso hedonismo en muchísimos casos. A simple vista el precario no contiene el germen de una nueva sociedad transformadora, un mundo nuevo como dijera Durruti.
En palabras de Gorz “el presente no recibe ningún sentido del futuro. Este silencio de la Historia convierte a los individuos en ellos mismos. Reintegrados a su subjetividad, es a ellos a quien corresponde tomar la palabra, en su solo nombre. Ninguna sociedad futura habla por su boca, ya que la sociedad que se descompone ante nuestros ojos no supone la gestación de ninguna otra cosa”.
Es precisamente esa subjetividad la que hay que recomponer, recuperando una sociabilidad densa, buscando el camino para la conformación de un sujeto antagónico, que nos permita hablar de la construcción del “nosotros”, con una identidad, un lenguaje, y una cultura propia.
El cooperativismo, las asambleas de parados, la huelga, la solidaridad, la autogestión, la unión de los trabajadores, rejuntar las diferentes experiencias de lucha de los trabajadores, desde la independencia de clase, lejos de las formas de integración institucionalizada, pudieran ser la plataforma de despegue, con las que recopilar las piezas rotas del trabajo desde el anarcosindicalismo, aunque como siempre y en estos casos nadie tiene la barita mágica.

Alex C.

FUENTE Icea

Cooperativas: una apuesta para huir de los vicios empresariales

"En ningún momento pensé que me ganaría la vida por mi cuenta, sin embargo ahora lo que no se me ocurriría es volver a trabajar para otros". Lo dice Paloma, que con más de cincuenta años tiene a la espalda una carrera profesional dedicada al estudio de mercados que acabó en despido y que es, desde hace unos meses, cooperativista de una tienda de productos ecológicos en un mercado de Madrid. Como ella, casi 300.000 personas trabajan en unas de las 17.000 cooperativas de trabajo asociado que existen en España, una fórmula empresarial donde objetivos económicos y sociales van de la mano y que ha conseguido resistir a la crisis mejor que las fórmulas empresariales tradicionales.
Desde 2008 hasta ahora, el empleo cooperativo ha caído un 8%, mientras que el empleo total ha disminuido en un 15%. Es más, aunque en el último año el mercado laboral sigue destruyendo puestos de trabajo a un ritmo superior al 4%, la destrucción de empleo en las cooperativas prácticamente se ha estabilizado.
El presidente de la Confederación Española de Cooperativas de Trabajo Asociado (Coceta), Juan Antonio Pedreño, asegura que la fortaleza de las cooperativas radica "en el compromiso del grupo humano que forma parte de ellas". "Los socios y las socias adoptan las medidas que consideran necesarias para mantener los puestos de trabajo, que es la tarea fundamental por la que sea crean las cooperativas. Si hay menos ingresos porque hay menos ventas, se reducen gastos, no despidiendo a gente sino bajando sueldos, si hace falta un 30%", dice.
En las cooperativas de trabajo, la prioridad es el mantenimiento del empleo y la toma de decisión es horizontal: aunque pueden dotarse de órganos de dirección, es finalmente la asamblea de cooperativistas -cuyos votos tienen todos el mismo valor- quien toma las decisiones o delega su mandato en esos órganos. Por ley, una parte de los beneficios no puede repartirse, al contrario, de alguna forma tiene que revertir en el proyecto.
Tras el mostrador de su puesto en el Mercado de San Fernando, Paloma y Asun atienden a los clientes. Su cooperativa, 'La huerta de Sol', nació de la asamblea de desempleados de Sol, concretamente del grupo de autoempleo y cooperativas. Después de meses formándose, acudiendo a jornadas y escuchando a unos y a otros, un pequeño grupo se animó a poner el puesto. En total son nueve: cuatro socios trabajadores -todos mayores de 50 años procedentes del desempleo- y otros cinco cooperativistas.
"Es una solución emergente, una necesidad, no queda más remedio si quieres un trabajo. De momento nos da para cubrir los gastos. Las decisiones las tomamos en asamblea los trabajadores una vez a la semana, la cosa está difícil pero tengo fe en que superaremos las dificultades", explica Asun, que admite que a veces necesitan mediadores para superar las dificultades que se les plantean en el día a día.
Según Coceta, el 80% de las personas que trabajan en cooperativas tienen un empleo estable, ya que son socios de la cooperativa. Además, las mujeres ocupan el 50% de los empleos y el 40% de los puestos de responsabilidad, “muy por encima del resto de las empresas”, dicen.
Para el presidente del Observatorio de la Economía Social, José Luis Monzón, hay varios factores que lo explican: “Su modelo de gobernanza, son empresas autogestionadas, y la política de pactos laborales entre los cooperativistas, que hacen que los ajustes se hagan principalmente congelando salarios o recortando jornadas, por ejemplo. No hay milagros, y es inevitable que sigan la tendencia general del mercado laboral, pero sí consiguen resistir mejor los embates de la crisis”.
"Lo que llega a la cooperativa se reparte, prima la persona y no el capital", afirma Pablo Ascasíbar, uno de los miembros de Cooperama, la nueva unión de cooperativas de trabajo de Madrid. Ascasíbar señala la intercooperación entre cooperativas como otra de las claves de su resistencia.
El 85% de las nuevas cooperativas que se constituyen se forman en el País Vasco, Catalunya, Andalucía y Murcia. El País Vasco es la comunidad donde el movimiento cooperativo es más fuerte y cuenta con algunas de las cooperativas más conocidas y consolidadas. Es el caso del grupo Mondragón, que agrega a decenas de cooperativas -entre las que están algunas marcas conocidas, como Eroski y Fagor- y que emplea a más de 83.000 personas. Durante la crisis, el empleo cooperativo apenas ha sufrido variaciones en el País Vasco. En Murcia, las cooperativas de educación -más de ochenta- representan el 50% de la educación concertada de la región.
Una cooperativa dedicada al control de energía
En Barcelona y desde finales de 2008 funciona Cinergia, una cooperativa dedicada al control inteligente de energía. Su evolución ha sido imparable: comenzaron cuatro personas y ahora son quince; sus beneficios se han más que duplicado, si en 2009 facturaron cerca de 300.000 euros, el año pasado su facturación ascendió a 750.000 euros.
“Nos ha ido bien por nuestra situación en el sector, ser cooperativa no ha interferido en nuestra actividad. Lo que probablemente hubiera pasado si en lugar de cooperativa fuéramos una sociedad anónima es que quizá el dueño hubiera tomado decisiones que no hubiéramos compartido sobre como dirigir la actividad o el dinero”, señala Josep Rafecas, uno de los cooperativistas.
El presidente de Coceta, Juan Antonio Pedreño, señala que poco a poco se están sumando profesionales que hasta ahora estaban alejados del movimiento cooperativo, como arquitectos, abogados o ingenieros. "Comparten riesgos y gastos en un momento complicado", dice.
Cinergia cuenta con una estructura empresarial, pero a la hora de tomar decisiones se acude a una asamblea donde cada socio tiene el mismo poder de decisión. "Nos sentimos cómodos a la hora de trabajar No ha habido ningún problema, los beneficios se han repartido en la asamblea, a la hora de invertir también se ha decidido entre todos", afirma Rafecas.
El año que termina fue declarado por las Naciones Unidas como ‘Año Internacional de las Cooperativas’ para subrayar su valor y darles impulso. En términos de empleo, las cooperativas dan trabajo a más de cien millones de personas en todo el mundo.
La idea de darle un giro a su pequeño negocio rondaba por la cabeza de Mamen y su socia a finales de 2011. “Teníamos ganas de cambiar de formato y empezamos a hablar con gente. Queríamos promover una economía más social y colectiva, que además de conseguir empleos dignos, nuestras conciencias estuvieran tranquilas”, explica Mamen. Unos meses después, en septiembre, su cooperativa – Diwo, dedicada al merchandising, el diseño y la producción y edición de vídeos- comenzaba a andar en Madrid. Ahora son cuatro socios trabajadores y Mamen se muestra contenta con su evolución.
Como a otros proyectos en los últimos meses, el 15M les dio el empujón definitivo: “Fue la puntilla, nos hizo ver que era posible y que no estábamos solas”. Desde que empezaron a funcionar, ya han puesto en marcha algunos proyectos sociales que complementan su actividad.

FUENTE: eldiario.es

miércoles, 24 de abril de 2013

"Para recuperar la fábrica nos guía el ejemplo de Argentina"

La primera fábrica recuperada bajo control obrero en Grecia entró en funcionamiento el pasado 12 de febrero. Después de dos años en lucha, los trabajadores de la empresa Viomijanikí Metaleftikí (Vio.Me), en Tesalónica, que elabora materiales de construcción, han dado otro paso y han empezado a producir prescindiendo de los empresarios y organizándose de manera horizontal. Hablamos con Theodoros Karyotis, de la Iniciativa de Solidaridad con Vio.Me.

¿Cómo era la situación anterior, antes de que la plantilla se hiciera con el control de la fábrica?
Este conflicto viene desde hace dos años. Los trabajadores, como en cualquier otra lucha obrera, de las tantas que hay en Grecia, intentaron primero conseguir el pago de los sueldos que se les debían. Pero no tuvimos éxito, la empresa estaba en quiebra. Entonces surgió entre los trabajadores la idea de cobrar en acciones, pero se dieron cuenta de que here­darían con ellas todas las deudas de la empresa. Por eso trataron de llegar a un acuerdo con los propietarios. Pero éstos no quisieron darles información ni facilitarles nada y finalmente abandonaron la fábrica. Pero Vio.Me, en sí, no había quebrado, porque elaboraba materiales de construcción para la empresa matriz, Filkeram.
Cuando ésta quebró, Vio.Me pasó a ser uno de sus activos, bajo el control de un administrador, que intentó liquidar la fábrica para pagar a los acreedores. Entonces los trabajadores estaban en contacto con este administrador y negociando todo por la vía legal. Pero se dieron cuenta de que pasarían años antes de que se celebraran los juicios y, mientras, sus familias pasarían hambre. Por eso decidieron asumir la producción, sin tener la aprobación de los propietarios.

¿Fue entonces cuando se generó la solidaridad con los trabajadores?
Cuando tomaron esta decisión, a mediados del año pasado, los trabajadores intentaron buscar alianzas. No tenían ninguna filiación política, sólo un proyecto claro en su ­cabeza: asumir el control de la empresa empleando la democracia directa. Por eso la mayoría de los partidos políticos no querían vincularse, les parecía demasiado radical. La izquierda institucional no se pronunció o más bien lo hizo con muchas dudas e incluso algunos lo rechazaron. Sí respondieron los movimientos sociales, especialmente los que luchan por la autogestión.

¿Qué experiencias se han tomado como referencia?
Para recuperar la fábrica nos guía el ejemplo de Argentina, es un referente de autogestión. Por eso trajimos a Lalo Pared, del Movimiento de Empresas Recuperadas de Argen­tina, que nos aportó su experiencia y calor humano. Nos dijo que no es fácil recuperar una fábrica, pero que es una experiencia transformadora, que te cambia como persona.
Y fue entonces, en septiembre pasado, cuando los últimos trabajadores que no estaban convencidos, finalmente se decidieron a continuar con la recuperación de la fábrica.

¿Qué forma legal han adoptado para poder seguir con la fábrica?
Por ahora operan la fábrica como sindicato de trabajadores. La batalla legal que como sindicato mantienen con los propietarios les ha permitido confiscar de manera legal todos los materiales y los productos ya manufacturados que estaban dentro de la fábrica. Los productos ya fabricados los sacaron a subasta para pagar una parte de los sueldos que se les debían y parte de las deudas que la empresa tenía con otros acreedores. Esta forma legal permite, de momento, poder vender el producto. Pero ahora están trabajando con un equipo de expertos para encontrar la forma legal más apropiada, y pronto formarán una cooperativa.

¿Cómo se organiza el trabajo en la fábrica recuperada?
El trabajo se reparte a través del sindicato de base. Éste, legal­mente debe tener una serie de cargos, como el presidente, el tesorero, etc. Pero los propios trabajadores decidieron no darles validez a estas figuras. Trabajan y toman las decisiones de manera asamblearia; cada tra­bajador tiene un voto. Makis Anagnostu, el presidente del sindicato, funciona a modo de portavoz, transmitiendo las decisiones de la asamblea a los medios de comunicación y a otras organizaciones, pero no tiene ningún poder propio.

¿Cuál es la viabilidad económica del proyecto?
Un equipo procedente de la Iniciativa de Solidaridad está colaborando con los trabajadores para elaborar un plan de negocio y establecer cómo se va a colocar el producto en el mercado y el volumen necesario para garantizar unos salarios dignos. La situación es difícil, no sólo para Vio.Me, sino para la economía griega. Con las últimas medidas neoliberales que sufrimos en Grecia los sueldos han bajado mucho. La meta de los trabajadores no es volver a tener sus sueldos anteriores, sino simplemente poder sobrevivir y sacar adelante a sus familias. No estamos seguros de si podremos recuperar a los clientes mayoristas, se intentará vender también a minoristas. Pero hay alternativas que surgen de la relación de los trabajadores con el movimiento de solidaridad. Otra idea es modificar la producción para sacar nuevos productos, como por ejemplo detergentes ecológicos de uso doméstico que se distribuirían a través de tiendas y estructuras del amplio movimiento de economía social y solidaria que ahora mismo está floreciendo en Grecia. Ya hay alrededor de mil o 1.500 organizaciones de economía social y solidaria: cooperativas de consumo, de producción, todo tipo de centros sociales, etc. Además, el producto es bastante más barato que antes porque no existe el coste del empresario. Al desaparecer ese beneficio, el producto se abarata dos tercios.

¿Estas iniciativas son una alternativa para combatir la crisis?
Sí, además son una alternativa a la organización social. Estamos construyendo un nuevo mundo. El 11 de febrero tuvimos un concierto para recaudar fondos para comenzar con la producción. Fue un éxito. Uno de los trabajadores explicó que lo que están haciendo no es sólo para sacar adelante a sus familias, es una visión de lo que debería ser la sociedad, una sociedad basada en valores como la solidaridad, la proximidad, la justicia social. Es otra manera de hacer política, desde abajo.

FUENTE: Diagonal

sábado, 13 de abril de 2013

Fábricas recuperadas y autogestión en la nueva realidad de España

Hace apenas cinco o seis años, hablar de empresas recuperadas o de cooperativismo en España hubiera sido manejar conceptos no sólo marginales, sino profundamente ajenos a los intereses y vivencias de la gran mayoría de la población. En el marco de la sociedad de la burbuja, el consumo desenfrenado y la “fiesta” juvenil, nadie se planteaba –o sólo lo hacían grupos en extremo reducidos o muy localizados geográficamente– la necesidad de trabajar para uno mismo desde perspectivas horizontales o ajenas al mando capitalista.
Marinaleda o Mondragón eran experiencias autogestionarias de dimensión global, pero lo cierto es que la generalidad de la población hispánica permanecía profundamente ajena a los valores que las sustentaban.
Sin embargo, no siempre fue así. Sin tener que viajar tan lejos como a las colectivizaciones surgidas en el marco de la Guerra Civil de 1936-39 (que abarcaban gran parte de la industria, servicios y el agro de la zona republicana), en el escenario de la llamada Transición española del franquismo a la democracia, en los 70, la experiencia de la recuperación de empresas por sus trabajadores jugó un papel trascendente.
Eran tiempos de crisis, fracturas y de grandes movimientos populares. Fue al calor de los mismos que se fraguaron iniciativas como la de Númax, una fábrica de electrodomésticos autogestionada por los operarios como respuesta a su intento de cierre irregular por parte de los dueños, cuya existencia quedó plasmada en dos documentales de Joaquím Jordá: Númax presenta y 20 años no es nada.
Algunas de las experiencias de aquellos años sobrevivieron, pese a todo, hasta la actualidad, como la barcelonesa Mol Matric, hoy responsable de realizar los chasis de una línea de Metro de Barcelona, el tren y cientos de máquinas industriales para empresas como General Motors; o la imprenta Gramagraf, ocupada hace 25 años, y en la actualidad parte del grupo editorial cooperativo Cultura 03.
Pero la Transición terminó. Y lo hizo como un gran fiasco. Las líneas esenciales del régimen franquista fueron mantenidas en lo que constituyó una simple reforma política que introdujo el país en el ámbito de la Unión Europea y la OTAN, y que concedió ciertas libertades públicas; pero que no tocó los mecanismos esenciales de reparto del poder económico y social. Los grandes movimientos populares se deshincharon, y a la experimentación y la lucha las sustituyó el “desencanto” y el cinismo. Las propuestas autogestionarias nunca desaparecieron, pero fueron relegadas a un espacio puramente marginal.
Y eso fue así mientras la sociedad de la burbuja y su consumo desaforado e irresponsable se mantuvo en plena vigencia. ¿Cómo?: fundamentado en el crédito y la sobreexplotación del trabajo migrante y juvenil, mediante la precarización de las condiciones laborales y la conformación de una legislación de extranjería que fomentaba (de hecho) la actividad sumergida y sin derechos.
Al llegar la crisis financiera y económica actual, las estructuras se modificaban y todo se movía: la escalada inmisericorde de la tasa de paro hasta extremos no vistos anteriormente en la sociedad española y la rápida degradación del tejido productivo y empresarial –al pincharse e implosionar la burbuja inmobiliaria– generaron una situación radicalmente nueva que implicó el inicio de grandes transformaciones económicas y también socioculturales.
El paro y una pobreza revisitada empujaban a amplias capas de la población hacia la economía sumergida y el cobro de los magros subsidios de un Estado del Bienestar que nunca se llegó a desarrollar en España hasta la magnitud alcanzada en los países centrales de Europa.
Los extremos (en puridad, extremistas) ajustes llevados a cabo por los poderes públicos ante el desencadenamiento de la crisis de la deuda externa generada por la socialización de las deudas privadas de las entidades financieras provocaron el efecto que era de esperar: el Estado Español devino un gigantesco páramo económico donde los cierres de empresas se sucedieron y amplios sectores de la población empezaron a quedar excluidos de la actividad productiva.
En ese marco se desataron los sucesos del 15 de mayo de 2011, e irrumpió con fuerza el llamado “Movimiento de los indignados”, que expresó las primeras tentativas masivas de resistencia al proceso de descomposición social impuesto por las dinámicas neoliberales de la UE y los gobiernos españoles.
A partir de entonces, la arquitectura política de la sociedad volvió a ser un elemento debatido y discutido públicamente. La política recuperó una cierta centralidad en las conversaciones cotidianas y en las mentes de la generalidad de la población. Hablar, ahora, de movilizaciones, de resistencia o de transformación social (con la autogestión como elemento central) vuelve a ser posible.
Pero ya en los meses anteriores, al calor del desplegarse de la crisis, se habían ido expandiendo los gérmenes y las semillas de esta nueva situación. Y el recurso de la recuperación de empresas por los propios trabajadores había vuelto a ser pensable.
En ese sentido, ya en los primeros años de la crisis cerca de 40 empresas fueron recuperadas por los trabajadores y puestas a funcionar de forma cooperativa, como afirma la Confederación de Cooperativas de Trabajo Asociado (COCETA). Entre ellas podemos contar emprendimientos como la empresa de robotización Zero-Pro de Porriño (Pontevedra), o la de muebles de cocina Cuin Factory en Vilanova i la Geltrú (Barcelona), en la que el antiguo jefe participó activamente en la cooperativización y donde todos los recuperadores se impusieran un salario igualitario de 900 euros. También con apoyo del propietario, se autogestionó en Sabadell la metalúrgica Talleres Socar, reconvertida en la cooperativa Mec 2010.
Pero, quizás, la iniciativa más impactante y conocida sea la puesta en marcha por los ex empleados del periódico de tirada nacional Público, que dejó de editarse en papel el 23 de febrero de 2012 y dejó al 90 % de sus trabajadores en la calle. Fueron esos mismos trabajadores los que constituyeron la cooperativa Más Público, que trata de obtener apoyo social y financiero para seguir publicando el periódico en formato mensual.
Sin embargo, pese a estas experiencias, no puede decirse que la vía de la recuperación de empresas se haya vuelto algo habitual o extendido: los trabajadores, en las situaciones de cierre, siguen prefiriendo masivamente hacerse con las prestaciones que comporta un Estado del Bienestar cada vez más menguante y en discusión. Las dificultades de la figura jurídica de la cooperativa en el Derecho español, así como la casi ausencia de previsiones al respecto en la Ley Concursal, junto a cierta pasividad alimentada por las décadas de universo burbujil y conformista, probablemente fundamentan estas limitaciones de la estrategia recuperadora.
Lo que sí parece cada vez más común es el creciente recurso del cooperativismo de muchos desempleados que, ante la situación de anomia productiva y de falta de expectativas de volver a ser contratados, recurren a la posibilidad de capitalización de la prestación por desempleo para la conformación de emprendimientos autogestionarios. Los ejemplos son innumerables (como la cooperativa de electricidad renovable Som Energía, creada en diciembre de 2010) y, en algunos casos, muestran evidentes vínculos con los movimientos sociales (como los relativos a la conformación de experiencias a la imagen y semejanza de la Cooperativa Integral Catalana, o los del ámbito libertario, como la gráfica Tinta Negra). De hecho, de enero a marzo de 2012, se produjo la creación de unas 223 cooperativas nuevas en el Estado Español.
No hay duda. Nuevos caminos están siendo recorridos por la sociedad española, para bien y para mal. Y, entre ellos, el camino de la autogestión empieza a ser cada vez más común.

FUENTE: ICEA