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lunes, 15 de abril de 2019

Federación de Ateneos y Grupos Libertarios de Barrio de Madrid

EL TRABAJO EN LA ACTUALIDAD

10 MARZO, 2019 

GRUPO ANARQUISTA APOYO MUTUO

El Postfordismo: flexibilidad y globalización.

Llegan los años setenta y EEUU abandona el patrón oro para el dólar (1971), a partir de ese momento los dólares impresos no estarían avalados por oro y cualquier garantía de estabilidad del valor del dólar era una fantasía. Pasan dos años y estalla la crisis del petróleo, Europa y Japón se vieron gravemente afectados por la crisis. Será dentro de la crisis cuando se introducen las ideas neoliberales, ideas que con el paso de los años finiquitan el fordismo.

Como resultado en los últimos 40 años en los países con un capitalismo avanzado el trabajo ha sufrido una transformación tan profunda que es difícilmente identificable frente al modelo previo, el fordismo. Los nuevos paradigmas neoliberales son: globalización, deslocalización, desindustrialización, multinacionales, flexibilidad, temporalidad, precariedad, crisis de la economía productiva.

La economía giró hacia el sector servicios: las fábricas cerraron desapareciendo el obrero de mono azul y surgiendo el obrero de camisa blanca. Mientras tanto en las regiones periféricas (los países con un estado menos avanzado del capitalismo) se dio un proceso de taylorización que permitió al empresario aprovecharse de una mano de obra más barata gracias a la globalización. El nuevo modelo basado en el sector servicios apuesta por la descentralización, la rotación laboral,la deslocalización, y flexibilidad laboral. La constante es la inestabilidad.

Como objetivo último la reducción de los costes de la mano de obra y huir de los riesgos de la centralización del trabajo.

La globalización, que es la punta de lanza del neoliberalismo, ataca al trabajo, mediante un discurso que asegura que ya no es posible proteger el trabajo ni sus derechos a nivel nacional porque el país y las personas tienen que competir internacionalmente. El trabajo se convierte en una mercancía como todas las demás. En este marco el estado de bienestar es inútil.

La identidad obrera

El trabajo había sido el punto central de la identificación colectiva como grupo. Este espacio ha sido ocupado por las tribus urbanas, por los estilos de vida, por los hábitos de consumo. Estas ultimas cobran más importancia en la conformación de la experiencia vital y por lo tanto de la percepción de identificación que el hecho del trabajo, haciendo que las identidades se multipliquen, y que al mismo tiempo que varien según el ciclo vital o la tendencia cultural. Siempre de una forma más débil más individualizada y menos perdurable en el tiempo e incapaz de transmitirse de generación en generación. Estilos de vida, grupos y trayectorias explican más que el concepto tradicional de clase.

Varios factores se han aliado para debilitar la experiencia común que conformó la idea de pertenencia a la clase obrera:

Hasta la llegada del postfordismo el trabajo definía las identidades, ya que la experiencia del trabajador era una vida laboral larga en el mismo centro de trabajo con los mismos compañeros y en el mismo barrio que el resto de sus compañeros. El trabajo era el nexo de unión de estas identidades, de los espacios de sociabilidad, de los valores, etc. Aún el trabajo identifica al individuo, es importante a la hora de definir al sujeto social pero a la vez hay que tener en cuenta otros elementos sociales como el consumo y estilo de vida para tener una visión completa del individuo.

La precariedad laboral, la temporalidad dan como resultado una experiencia laboral muy fragmentada, en la que las biografías laborales se han roto. El comienzo de la vida laboral se retrasa y a la vez la salida de la misma es abrupta y temprana.

El paro ya no es, como en la época anterior, un desempleo coyuntural en el que el sistema de desempleo actúa en momentos determinados como hilo de continuidad entre largas experiencias laborales. En estos momentos el paro es un factor de ruptura de la experiencia laboral ya que la salida del mercado puede ser un proceso radical que te obliga a cambiar por completo tus expectativas, experiencias y profesión. Así como un elemento de disciplina mediante el miedo, miedo a perder el trabajo, miedo a quedarte en paro, miedo a perder todo.

Deslocalización, descentralización, subcontratación, los modelos de empresa en red. Herramientas para disminuir la identificación empleador/empleado e individualizar las relaciones laborales.

Desaparición de los barrios obreros. Los mercados, centros de teleoperadores y oficinas no generan barrios obreros a su alrededor. Por lo tanto la conciencia obrera, de la cual era un importante motor los barrios obreros, ha ido progresivamente fragmentándose, individualizándose. Ahora ya no sólo no se forman barrios obreros alrededor de los centros de trabajo sino que la clase obrera postfordista no sólo no vive en barrios obreros sino que ha expulsada de las ciudades hacia la periferia en un modelo de viviendas hacia construidas hacia dentro, fortalezas aisladas en las que se necesita el uso el del coche para acceder a todo tipo de servicios, fortalezas en las que se desarrolla la vida sin contacto con los vecinos.

El empleo.

Los derechos laborales, y seguridad laboral se han debilitado hasta el punto de dudar en la existencia del derecho del trabajo. La realidad cotidiana incumple sistemáticamente los escasos derechos laborales, extendiéndose la idea de precariedad vital. El trabajo actual es un tipo de trabajo que no asegura ni tu manutención ni reproducción, que no tiene derechos y no genera ninguna estabilidad en las expectativas de vida. Un trabajo que obliga a vivir en la deuda permanente.

Diferencias entre el trabajo durante el fordismo y el actual:
  • Burocratización del trabajo y la pirámide empresarial. El trabajo actual es un modelo líquido, en red que funciona por procesos de micro competencia e individualización máxima.
  • Subcontratación. En el modelo actual las empresas subcontratan partes de la producción para evitar la acción colectiva.
  • Empresarialización del obrero, a través de contratos meramente decorativos o las relaciones autónomo/empresa.
  • La red de seguridades y derechos del trabajo ha desaparecido. El mercado laboral ya no está regulado.
  • Difuminación de la relación entre el patrón y el empleado. El empleador se pierde en una red y desaparece como enemigo social.
  • Todo el proceso se ha desdibujado hasta el punto de que los sujetos deben ser sus principales disciplinadores.
  • Alto grado de desempleo.
  • Altas franjas de población excluidas.
  • Despolitización de los grupos sociales antes calificados como obreros.
  • Supresión de la cultura propia. Entiéndase como tal los términos alrededor de la cultura y política de clase.
FUENTE: http://apoyomutuo.org/el-trabajo-en-la-actualidad/

lunes, 15 de enero de 2018

La visión del trabajo en el anarquismo moderno

El anarquismo moderno, con sus grandes pensadores y sus enérgicos movimientos, realizó propuestas para la economía y la noción de trabajo, que repasamos hoy en busca de alternativas libertarias para un mundo en el que sigue imperando la explotación de unos seres humanos sobre otros.
Los expertos señalan los distintos sentidos que tiene la noción de trabajo, siendo uno de ellos la idea de "realización humana". Bakunin no diferenciaba al hombre del resto de las especies y quería ver la "necesidad" de vivir trabajando como ley de vida; para el anarquista ruso, el trabajo es garante de la existencia y del desarrollo pleno del hombre. Si algo nos diferencia de los animales es nuestra inteligencia progresiva, por lo que también nuestra capacidad productiva puede serlo. El momento en que el trabajo se hace humano, para el pensador anarquista, es cuando no solo satisface las necesidades fijas y limitadas de la vida animal, sino también las necesidades sociales e individuales del ser pensante y hablante "que pretende conquistar y realizar plenamente su libertad". Esta ingente tarea, que Bakunin define como "ilimitada" corresponde, no solo al desarrollo intelectual y moral del hombre, también forma parte del proceso de emancipación material. Esa liberación de algunas ataduras naturales (hambre, dolor, clima, dependencia del medio...) es liberación parcial del miedo inherente a la existencia animal, algo que tiene una función positiva al actuar como motor de esa lucha perpetua. Bakunin también quería ver, como continuación a ese miedo existencial, el fundamento de la religión. Es posible, como creemos que sostienen los científicos, que seamos el mismo "animal" que hace decenas de miles de años, y aunque podamos dudar de la mejora intelectual y moral que puede haber tenido el ser humano en ciertos aspectos, el potencial para progresar en todos los ámbitos y para transformar el medio siguen siendo enormes (otra cosa, parece, la voluntad o posibilidades para hacerlo según el contexto en que nos encontremos).
Otro sentido de la noción de trabajo es el "acto de explotación", claramente censurable para las propuestas anarquistas siempre con una idea equitativa en el horizonte. La idea de "trabajo colectivo" se encontraba en Proudhon, el cual denunciaba que esa fuerza proveniente de la labor conjunta de los trabajadores suponía un plus que nunca se reconoce en el salario. En ¿Qué es la propiedad?, recordará que el capitalista obtiene sus ganancias "porque no ha pagado esa fuerza inmensa que resulta de la unión y de la armonía de los trabajadores, de la convergencia y de la simultaneidad de sus esfuerzos". Otra acepción del término "trabajo" podría ser la que alude a su lado optimista y "agradable", y que puede ser muy bien acogido por la tradición anarquista. Kropotkin consideraba el bienestar como el más grande estímulo para el trabajo, si entendemos aquél como la satisfacción de nuestras necesidades físicas, artísticas y morales. El autor de El apoyo mutuo veía en el trabajador "libre", en oposición al trabajador asalariado, el más capaz de aportar una mayor dosis de energía e inteligencia y de realizar una tarea auténticamente productiva. Resulta claro que se vincula trabajo agradable con trabajo en libertad, y un contexto de explotación con todo lo contrario. Leticia Vita, en su trabajo "Trabajo y salario" incluido en el libro El anarquismo frente al derecho, nos recuerda que la diferenciación entre trabajo manual y trabajo intelectual, y la retribución de salarios y de condiciones de trabajo al respecto, resulta una de las mayores controversias presentes en la sociedad capitalista, lo cual supone que se eluda el manual utilizando posiciones de poder. Bakunin denunciaba ya la falta de tiempo de ocio, crucial para el desarrollo en los diferentes ámbitos, de la clase trabajadora y su condena a un trabajo físicamente esforzado, que podía deteriorar la salud e imposibilitaba la armonía en otros aspectos. Kropotkin también se pronunciará en términos parecidos y mostrará el deseo de las clases humildes de escapar de ese infierno del trabajo manual (tantas veces, sin más salida aparente que convertirse en explotador). Por lo tanto, forma parte también de la tradición ácrata el romper con esa división entre trabajadores manuales y trabajadores intelectuales.
Respecto a la noción de "salario", la visión anarquista tratará de denunciar la falta de equidad da la idea de retribución. Proudhon veía al trabajador asalariado como un deudor permanentemente insolvente, obligado a la subsistencia presente y futura a través del salario, y al propietario como un acumulador ilegítimo de un capital apropiado, que reclama el cobro también de manera perpetua. Kropotkin niega cualquier valoración monetaria del trabajo, del tipo que fuere, realizado a la sociedad; quería observar una complejidad en la sociedad industrial y una relación entre trabajo individual y colectivo, pasado y presente, que imposibilitaría dicha medición de la retribución. Es conocido que las propuestas clásicas anarquistas, a propósito de la organización económica, pasan por el mutualismo, el colectivismo y el comunismo. El mutualismo de Proudhon niega la propiedad privada, origen de la explotación y de la desigualdad, pero considera la posesión individual como la condición de la vida social; el derecho de ocupar la tierra sería igual para todos, con lo que los poseedores se multiplicarán sin que se establezca la propiedad; si el trabajo humano resulta de una fuerza colectiva, toda propiedad se vuelve colectiva e indivisible; si el valor de un producto resulta del tiempo y del esfuerzo que cuesta, los productos tienen iguales salarios; los productos se compran exclusivamente por los productos, la condición del cambio es la equivalencia (en su precio de costo), por lo que no hay lugar para el lucro y la ganancia; la libre asociación, con la premisa de la equidad en los medios de producción y la equivalencia en los intercambios, es la forma justa de organizar la sociedad. El colectivismo, sostenido por Bakunin y adoptado por la corriente antiautoritaria de la Primera Internacional, considerará que la tierra y los medios de producción deben ser comunes, pero el fruto del trabajo será retribuido entre los productores según el esfuerzo de cada uno. Por último, el comunismo libertario aspirará a suprimir cualquier forma de salario gracias a la abundancia productiva (medios de producción comunes, y también los objetos de consumo). Se niega en esta forma comunista cualquier valoración del trabajo según el costo social de la formación del trabajador (algo inviable por los diversos factores en juego) y se demanda que haya un reparto según las necesidades de cada persona.
Son tres visiones económicas diferentes, muchas veces cuestionadas desde las distintas posiciones libertarias, pero que pueden aportar elementos novedosos al día de hoy en un panorama injusto y acomodaticio. Por muchos logros que haya habido en el último siglo y medio, vivimos en un mundo que continúa actuando bajo las premisas de la explotación y del reparto sin equidad, y que continúa utilizando como motor el autoritarismo (justificado, tantas veces, en la tutela). Estas propuestas anarquistas clásicas han servido de raigambre a otras modernas como es el caso de la economía participativa, clara alternativa al capitalismo y al socialismo de mercado, promotora de consejos de productores y de consumidores, en los que cada miembro tiene voz en las decisiones. Estos mismos consejos serían los encargados de decidir la retribución de cada trabajador. Descentralización, alternancia en la tareas, ruptura con la burocracia y con la división del trabajo intelectual y manual, acceso a la participación de todos en los diversos ámbitos..., son propuestas más o menos novedosas, aunque demandan creatividad, imaginación y, sobre todo, un punto de partido equitativo y solidario.

Capi Vidal